martes, 18 de abril de 2017

No te acuestes a dormir sin haber aprendido algo

Fue constante durante mi devenir educativo en la U.E. Cnel. (B) Adolfo Valbuena Bravo, que llamaré UECAVB para abreviar, escuchar una frase, más mantra que frase, pues su repetición resonaba en el patio de formación, los pasillos y las aulas como un cántico religioso: No te acuestes a dormir sin haber aprendido algo.

A mi parecer, en este flamante siglo XXI que habitamos, apenas navegando su segunda década, es imposible acostarse sin aprender algo nuevo. Con tantos medios de comunicación masiva, canciones, películas, libros -hasta en PDF-, y claro está, la omnipresente Internet, yo me pregunto ¿podría alguien estar despierto por más de dieciocho horas sin que algo eche raíces en su cavidad craneal? Algo además de un parásito nacido de una lechuga mal lavada, por supuesto. Una parte de mí cree que es imposible que eso ocurra, la otra, que está consciente de la imposibilidad de lo imposible, considera que justamente, por vivir rodeados de tanta información, esta podría fácilmente ser ignorada por considerarse, inconscientemente, improcesable. De ser así la situación, pues podría concluir con dramática fatalidad que hemos llegado a la pesadilla huxleyana de Un mundo feliz.

Para los avezados lectores, Un mundo feliz (1932) es una referencia obligatoria a una de las más grandes y aterradoras distopías futuristas de la tríada Huxley-Orwell-Bradbury, que nos hacen pensar, con horror, en futuros apocalípticos donde las sociedades marchan a un ritmo que nos parece insólito, impensable e indiscutiblemente inaceptable. Para los que no están familiarizados con el texto, deben saber que la distopía descrita por Aldous Huxley describe una sociedad que funciona maravillosamente tras haber desterrado una enorme cantidad de valores fundamentales de nuestra cotidianidad, como lo son la familia, la educación, la religión y el libre albedrío. Este último, me parece, es la base de la sociedad de Un mundo feliz, ya que en esta las personas nacen in-vitro, programadas para cumplir con una función específica en el aparato social, funciones que son designadas por el azar desde la fecundación en los tubos de ensayo. Pero ese no es el punto al que quiero llegar. Es solo un aperitivo para quienes no han devorado aún este manjar pre-apocalíptico.

El punto que quiero que consideremos, huxleyanos y no huxleyanos, es el de una sociedad que vive constantemente bombardeada de información. Pero información a gran escala, colorida, estridente, terriblemente abrumadora. Estos individuos programados, desde los alfas hasta los epsilones, viven rodeados de tanta información, que en realidad se la pasan desinformados. Es decir, ¿qué tanto nos puede importar un conflicto armado de un país lejano con saldos astronómicos de muertos y heridos cuando tenemos al alcance de la mano el último tráiler del éxito taquillero del verano? ¿Quién podría preferir un sombrío balance financiero antes que la nueva canción de Maluma? ¿Acaso no es más fácil de digerir este Top ten sobre peinados de perritos pequineses que aquel reporte sobre la crisis socio-política del país? ¿Ven a donde quiero llegar? Cuando tenemos un espectro tan amplio de datos, cifras, colores y sonidos, es natural que la mayoría, que las masas, opten por lo ligero, lo intrascendente, lo frívolo, que en este contexto se define como invertir la importancia de las cosas que nos rodean.

Aterrador, ¿no es así? Pareciera que nos hundimos cada vez más en un mundo de apaciguamiento intelectual, excitación de los sentidos y tranquilizantes de la mente. Pero esperen, que este post no es para llorar sobre nuestras bibliotecas. Recuerden la idea central: aprender algo nuevo cada día. Hasta la línea que lees en este momento de seguro aprendiste algo nuevo. Y si ves más arriba, en la barra del buscador -que tal vez nunca le hayas prestado mucha atención- verás un portal mágico que te dará acceso a prácticamente cualquier información. No siempre muy bien desarrollada, pero información en fin. Este siglo nos ha puesto bajo una espada de Damocles, es verdad, pero también ha abierto las puertas de par en par para los autodidactas. 

Ah, sí, esa legión silenciosa y discreta de quienes no esperan que les sirvan de las aguas del saber sino que se dirigen por sí mismos a los pozos, o terminan abriendo brechas, trasladando ríos o quebrando fiordos. Sin embargo, aún el más autodidacta podría perderse en los laberintos de la internet y terminar dándole like a un test sobre ¿Qué tipo de hamburguesa eres según tu personalidad? Es una cuestión de disciplina. Así como en la pesca, hay que tirar del cordel, dejarlo correr y luego tirar con más fuerza hasta capturar al pez. Alterna, entonces, entre Facebook y Wikipedia, entre Instagram y una pinacoteca virtual, entre Twitter y las noticias de verdad. Cuando estés en Youtube, alterna entre videos y documentales: Shakira -dejar correr el cordel-, la revolución francesa -tirar del cordel-; lo nuevo de Ed Sheran -y ahí va el cordel otra vez- y la vida y obra de Marie Curie -y viene el cordel de regreso. Es sencillo, es entretenido, y te dará muchos temas de conversación.

No dejemos que nuestra sociedad se convierta solo en festín de banalidades. Mientras sigamos teniendo el libre albedrío y la posibilidad de nacer dentro de una familia, y no en una probeta, hagamos valer nuestro espíritu humano y reinventemos el mundo cada minuto. Y eso solo lo lograremos proponiéndonos no irnos a dormir sin haber aprendido algo nuevo. No es fácil, ya lo dije, pero rara vez lo trascendente lo es.

Para terminar, ahí te van unas cuantas recomendaciones personales. Es el modo en que paso el tiempo entre las cosas serias de la vida adulta y las ensoñaciones de la lectura. Buen provecho.







  • Esta biblioteca digital es una de las más completas que hay. Totalmente gratuita, ligera y en español http://ciudadseva.com/








Esto es solo para comenzar. Si quieres recomendaciones más ajustadas a tus gustos, comenta o contáctame.


jueves, 13 de abril de 2017

El buen salvaje


Aunque la ciudad entera sucumba a la pereza y la contemporaneidad, nosotros permaneceremos. La demolición es su prioridad, más que la restauración. A modo de muestra, históricos parques, plazas y puentes perecen. Pero esa es solo la parte física del problema. La línea de orden aplica también a las costumbres y los modos. Si hemos de destruir todo eso, que sea de cuajo, no de hoja en hoja. Es ridícula una sociedad que pretende seguir llamándose así cuando sus valores caen uno a uno en un otoño arreado. Basta de civilización entonces, todos a la vieja usanza entonces, abracemos al buen salvaje de Rousseau, pero que sea íntegro el proceso. No más teléfonos, no más escuelas, no más metros y buses. A las cavernas, a las matas, al monte y la culebra, que nada más importa. Basta ya de teatro, de fingir que trabajamos y estudiamos, cuando el pendejo carga los errores del que dice “yo primero”. Vil ilusión de avance y progreso. Yo los apoyo, hundámonos, pero como se debe, que nada más importa. Al lodo. Al carajo.

CONSTANTINO PhD ARREMETE CON PLUMA CONTRA ANÁRQUICO SEÑOR QUE LEE PERIÓDICO EN LA PARADA. RESULTADOS, TRÁGICOS. SEÑOR COMPRENDE QUE SU TRABAJO ES UN SINSENTIDO. PIENSA, LUEGO EXISTE, LUEGO ESTIRA LA MANO PARA TOMAR EL BUS.

 José D. Alvarado (abril 29, 2013)


domingo, 9 de abril de 2017

Haikus de la tempestad

I
Vientos que cambian
Mejor izar las velas
Moverse ya

II
Dejarse ir
Agarrado al timón
Sin controlar

III
Brújula al sur
Con la mirada firme
Igual que el viento

IV
Crujen las tablas
Se agitan las clavijas
Silban las cuerdas

V
La luz del faro
Acuchilla la niebla
Luz de esperanza

VI
Vicisitudes 
Inexorablemente
Aventajadas

VII
Mi timonel
El divino destino
No titubea

VIII
Clarea el alba
En su ira Poseidón
Se alza y cede

IX
Tierra a la vista
Disípanse las miasmas 
De incertidumbre

X
Beso la arena
Bendita nueva vida
Bajo mis pies

José D. Alvarado (Abril 9, 2017)


La gran ola de Kanagawa (1830-1833) Katsushika Hokusai

miércoles, 5 de abril de 2017

Hasta la próxima clase

Estudiantes, compañeros, nefelibatos, seres tripartitos, partículas apenas reconocibles, y desde ahora que no nos separa un escritorio, amigos míos. Esta lenta despedida ha llegado a su momento culminante. Una pausa, más bien. Un "hasta la próxima clase" prolongado. En fin, ha llegado el momento de hacer corolario de todo lo aprendido, y lo digo tanto por mí como por ustedes, pues no es un secreto que en un salón de clases motivado el aprendizaje fluye en ambos sentidos, como una autopista que conecta mentes ávidas de conocimientos. Ancora imparo, decía Da Vinci, aún en su vejez, cuando se pudiera pensar que un genio universal como el suyo ya lo sabía todo. Errado sería pensar esto, pues aprender todos los días solo nos demuestra lo mucho que ignoramos, y lo minúsculo que resulta el razonamiento humano ante la vastedad del universo y el funcionamiento de la existencia. Cito entonces a Sócrates, que al darse cuenta de esta realidad declaró: Scio me nihil scire o scio me nescire; Solo sé que no sé nada.

Y fue tanto lo aprendido, tanto lo discutido, tanto lo razonado, que pareciera que dos años no han pasado. El tiempo es relativo (Einstein, 1905). Yo siento el paso de estos dos años como un largo y enriquecedor periodo, que inició un martes 17 de marzo de 2015, a las 7am.

Buscaba en ese entonces un empleo que me resultara más adecuado a mis necesidades temporales y espaciales -que quedara más cerca de mi casa, pues- y que me permitiera, además, un cambio de aires. Incluso consideré la idea de abandonar las aulas y dedicarme a cualquier otro oficio. Manual, de preferencia, pues el cansancio del cuerpo se recupera más rápido que el de la mente. Sin embargo, dejé que el destino hiciera rodar la bola a su antojo y envié currículos a diversas instituciones y locales. No fue el destino quien hizo repicar mi teléfono aquella tarde, sino el Comandante (B) Héctor Romero, comunicándome que, y cito,  "Una prestigiosa institución educativa de excelencia, del cuerpo de Bomberos Valencia podía requerir de mis servicios". El lunes siguiente asistí a la entrevista y el destino siguió con su juego. El día siguiente a la entrevista, fui arrojado a la jaula de los leones para probar mis habilidades y conocer el nuevo terreno de juego.

En el acto, quedé sorprendido. Aquella ventosa mañana de marzo llegué a un patio donde los profesores se sentaban alineados frente a una formación perfectamente colocada. Los uniformes pulcros y planchados, la marcialidad del paso, la clara entonación del himno y la deferencia del trato contrastaban con mis experiencias previas en un patio de formación. Tras unas breves indicaciones de la coordinadora académica, pasé a mi primer salón. Aquel día tenía un bloque de Castellano y otro de algo llamado "Lenguaje e investigación" con 3er año A. Al entrar a su aula, sobriamente decorada, mi sorpresa siguió aumentando -para mis adentros, claro. Jamás un profesor debe mostrar su lado flaco ante un salón lleno de estudiantes-. La sección, de apenas 23 estudiantes, no se estaba matando cuando entré. Todo lo contrario. Me recibieron con un saludo fuerte y marcial: "Buenos días, profesor", todos ellos de pie, con la vista al frente. Tanto respeto me dejaba anonadado. Pero había que esperar y comprobar. Podía ser una simple fachada, una estratagema para medir las fuerzas del nuevo oponente. Sin embargo, la hora avanzó, y antes de que llegara el primer receso, ya me había convencido de que estaba frente a estudiantes excepcionales, que, en su mayoría, me hicieron creer que la enorme inscripción de la entrada "Solo para los mejores" no era simple propaganda. Antes de que el día terminara, y tras haber estado con una sección de 5to año, un 2do año y el otro 3er año, la sección B, no solo creía en el lema de la institución. Ya me había comprometido a ser parte de él.

Ese día quedó grabado a fuego en mi memoria. Fue un comienzo. La primera roca que en su caída desencadena una avalancha. Nuevamente, el destino me guiaba con mano firme. En poco tiempo, me hice parte de la institución. Tomé nota mental -y en mi carpeta- del perfil de aquellos individuos que habían sido puestos a mi cargo con el propósito de enseñarles los duros caminos de la gramática, los laberintos de la literatura, la riqueza de nuestra lengua, y por sobre todo esto, cual encumbrado soberano, el amor por los libros y los mundos que guardan dentro de sí. La materia de Lenguaje e investigación resultó ser un terreno fértil para cultivar el hábito de la lectura. Fue entonces cuando desempolvé a mis viejos amigos de biblioteca para que me ayudaran en mi tarea: Verne, Poe, Neruda, Exupéry, Shakespeare, Otero Silva, Garmendia... Incluso el monarca de mis estanterías, Stephen King, fue llamado a la batalla, y fue un aliado soberbio. Solo mirar los rostros aterrados, absortos, y en algunos casos, dormidos, de aquellos pequeños de 3er año "A" me hizo saber que el camino ya se había comenzado a enlosar.

Lo demás, es historia. Y son historias bien interesantes, que pronto me sentaré a contar. Por ahora, los tentáculos de la nostalgia previa, lo que podríamos llamar "pre-nostalgia", comienzan a apoderarse de mi pecho. Saber que pronto estaré enfrentándome al mundo desde otros flancos, dejando atrás a todos cuanto conozco y aprecio por lo mucho que han hecho por mí, es algo que comienza a hacerme mella. Ya llegará el momento de derramar una o dos lágrimas por el incierto "hasta la próxima clase". Por ahora, hay mucho trabajo que hacer, muchas manos que estrechar, muchos nudos que atar. En el drama de la vida humana, la obra siempre continúa, desde Adán y Eva y hasta el último humano que respire sobre la faz de la tierra. No somos más que personajes que entran y salen de escena, procurando realizar una actuación extraordinaria que sea digna de memorar en las futuras generaciones de actores -para más información sobre este pensamiento, vean Stranger than fiction (2006)-. Para mí, un nuevo acto ha comenzado. El telón se cierra en este lado del mundo. Pero los aplausos, sus aplausos, seguirán resonando dentro de mi por mucho tiempo, hasta que se derrumbe el horizonte.

Nos vemos en la próxima clase. Espérenla preparados. Ya ustedes saben como soy.

José D. Alvarado (Abril 05, 2017)

lunes, 27 de marzo de 2017

Lluvias de marzo


Lo usual es que en Venezuela la temporada lluviosa comience en mayo. Mayo es mes de iguanas, de cruces y de palos de agua. Pero a veces, las lluvias se adelantan. Son una curiosa sorpresa, en plena cosecha de mangos. Este año las lluvias se adelantaron, y con ellas, la temporada de cambios.

La lluvia es un regalo del cielo. Revitaliza la tierra, refresca el aire, vigoriza a las plantas y, lo más importante, me produce sosiego. La lluvia significa para mí cambios, avance, renovación. Y así como los cambios, la lluvia es necesaria e indetenible. Especialmente cuando llega repentina y sin avisar.

Ser humano significa ser mutable. Y eso es maravilloso. Somos movimiento, fluir, sentir. Como el agua entre las rocas, o el viento entre los árboles. No podemos resistir el espíritu nómada de nuestros ancestros. Todos emprendemos un viaje, tarde o temprano.

No siempre se trata de un viaje físico. Así como nos lo demuestra la literatura, el viaje que iniciamos puede ser espiritual. Don Quijote de la Mancha, por ejemplo, emprende ambos viajes. Se desplaza por España, sobre su resignado Rocinante y en compañía de su leal Sancho Panza, y a la vez, se mueve por las salas del espíritu humano, entre la locura y la cordura, de una aventura a otra, probando las mieles de la justicia y la rectitud. Y su viaje, el del Quijote, es también un viaje para Sancho. Aun sin proponérselo, Sancho termina visitando los mismos estadios psíquicos de Don Quijote, y se transforma. Sancho, aún sin saberlo, se enfrenta al cambio, y el cambio lo convierte en alguien mejor.

Por lo tanto, el cambio es necesario. Eso no lo podemos dudar a estas alturas. También es inexorable, lo cual significa que no se puede evitar. Como el flujo del agua, uno puede creer que lo está deteniendo, pero no es así, solo lo está acumulando. Más temprano que tarde, el agua rompe cualquier dique y fluye con la violencia de una estampida. Es allí cuando hay gritos, lágrimas, quejas y cosas que se rompen. Para el ser humano, negar el cambio es acumular el avance, que pronto terminará dándote una bofetada en la cara para hacerse paso y entrar tempestuosamente al mundo. He conocido a un par de personas así, y todas terminan pasándola mal.

Hay que dejarse llevar por la corriente. Estar conscientes de lo que somos y a donde pertenecemos, y luego actuar en consecuencia. ¿Qué somos? Individuos ¿A dónde pertenecemos? A una sociedad. Por lo tanto, somos individuos sociales. Es decir, debemos crecer por nuestra cuenta, desarrollar nuestro ser plenamente y que esto, además, sea útil para los otros individuos, que nos necesitan tanto a nosotros como nosotros a ellos. El cambio, entonces, no solo debe ser positivo para el YO sino también para el OTRO.

La educación es un cambio, tanto individual como social. Leer es cambiar. Correr es cambiar. Pintar es cambiar. Lee, y tu mente cambiará, así como la mente de quienes te rodean. Corre, y tu cuerpo cambiará; tus músculos se harán más fuertes. Pinta, y tu alma cambiará; tendrá nuevos matices para admirar y expresar. No rechaces el cambio, ¡abrázalo!, ¡búscalo!, decide tomarlo. Cambiar es una decisión. Y es la primera que se debe tomar para todo lo demás.

Es maravilloso ver a alguien después de tantos años y observar en esa persona el resultado de la suma de todos los cambios favorables que pudo haber decidido tomar. “Mírate, eres todo un médico”, o “¿En serio tú pintaste todo esto? Es fascinante”, o “Eres la mejor madre del mundo”, o el eterno y siempre confiable “Cómo has cambiado”. Aunque este último puede ser ácido dependiendo de la situación.

Es gracioso pensar, aquí sentado frente a mi computadora, en aquellos últimos días de mi quinto año de bachillerato, cuando todos sucumbíamos a la tradición de rayarnos las camisas. Es gracioso para mí pensar en eso porque la frase más recurrente era “Nunca cambies”. ¡Por Dios! Que condena tan terrible. La mayoría de las personas que ponían eso con sus sharpies indelebles eran las primeras que debían cambiar. Ahora los veo, cada quien a su manera, y sigo pensando así.

Este año, para mí, marzo trajo vientos de cambio. Ya me estoy acostumbrando a que sea así. Pronto me enfrentaré a uno de los cambios más drásticos y trascendentales de mis veinticinco años de vida: un nuevo país. Es momento de cambiar hábitos, costumbres, ritos. Cambiar de oficio. Cambiar de entorno. Cambiar, muy a mi pesar, a las personas que me rodean. Estoy dispuesto a afrontar todos esos cambios, tomar al toro por los cuernos, y cambiar mi estatus social a “inmigrante”. Me adaptaré a una nueva realidad, cambiando solo los contornos de mi ser, pues mi ethos, mi sanctasanctórum del yo, el Daniel genuino que habita bajo mi piel, ese continuará siendo él, creciendo con cada oportunidad. Y los cambios, claro está, son oportunidades.


Pienso todo esto mientras comienza a llover y veo mi habitación a mi alrededor, medio vacía. Mi biblioteca, ya casi sin libros, tiene un aire de melancolía. Pienso en las personas tan geniales que he conocido en estos últimos tiempos, y trato de ponerlos a todo en la sala más amplia de mi alma, la que tiene menos telarañas. Veo el calendario y noto que muy pocos días me separan del gran momento. Es marzo, y está lloviendo. Es marzo, y ya viene el cambio de estación. Es marzo; es momento de cambiar.

José D. Alvarado (Marzo, 2017)


jueves, 13 de octubre de 2016

Una invitación al "Inferno" de Dan Brown

En su novela Inferno, Dan Brown vuelve a hacer gala de ese estilo tan particular que le ha valido el aprecio de su comunidad lectora y el rechazo de tantos críticos literarios . El autor norteamericano maneja la intriga como una especie de anzuelo, que rápidamente es engullido por quien abre las páginas de su libro, y del que difícilmente se pueda soltar hasta llegar al desenlace de la historia de turno.

Dan Brown, autor de "Inferno"

Inferno, su obra más reciente –publicada en mayo de 2013- es la reivindicación de Brown ante sus lectores. Luego del frío y prácticamente inadvertido El símbolo perdido (2009), Inferno resulta una renovación de los elementos más característicos del autor: escenarios clásicos del viejo continente, un contexto lleno de arte y refinación, una persecución, la búsqueda de un intrigante secreto, un tema que permanece oculto hasta la mitad del libro y que nos lo van dejando como migajas de pan, y por supuesto, Robert Langdon, la prueba viviente de que un profesor universitario puede dar clases de simbología a las 7 am, ser abaleado a las 4 pm, develar un secreto ancestral a las 8 pm y aun así estar a tiempo para una taza de café a la mañana siguiente.

La locación elegida para esta ocasión es Florencia -una ciudad que no puedo imaginar si no es tonos sepia. La cuna del renacimiento, la inspiración de Leonardo Da Vinci, el hogar de Vasari. Sí, también es la ciudad de Assasins Creed II. En esa antiquísima locación, el profesor Langdon despertará en una reveladora bata de hospital, con una horrible herida en la cabeza y con amnesia temporal. De inmediato queda patente que el pobre profesor ha sido desprovisto de su principal arma: su mente. Como quitarle al agente 007 su Walther PPK o a Harry Potter su varita. Antes de que terminemos de entender la situación inicial del relato –en la que se suceden un suicidio, una intriga y una pesadilla dantesca ¡en menos de tres capítulos!-, los disparos no se hacen esperar y el profesor Langdon le toca escapar con su apuesta e inteligente acompañante de turno, dejando al aire más de lo que el espectador común desearía ver.

Florencia, Italia

Como gancho para la trama, varios aspectos artísticos y literarios resaltan desde el primer momento, incluso desde la portada del libro. Es propio de Brown centrar la atención en un maestro del pasado para armar un complot en el presente. Esto se puede evidenciar en El código Da Vinci, donde el maestro de turno será Da Vinci –obvio, ¿no?- y en Ángeles y demonios, donde la atención recaerá en Bernini, el célebre escultor italiano. ¿Quién es el maestro de Inferno? Pues Giorgio Vasari, el famoso arquitecto, pintor y escritor italiano, reconocido no solo por su producción artística –algo eclipsada por el nombre de otros artistas del momento, como Donatello y Rafael- sino por su excelente compilación de textos sobre artistas clásicos y contemporáneos: Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos. ¡Pero esperen! Hay más. Vasari es el telonero de la figura central de esta obra, que es nada más y nada menos que Dante Alighieri –ovación de pie, por favor.

Dante Alighieri (1265-1321)

Dante es un nombre reconocido universalmente. Su obra más célebre, La divina comedia, fue la piedra fundacional sobre la que la iglesia medieval construyó su más efectiva campaña de expansión. En esta obra, publicada en algún momento del siglo XIV, se define la primera alegoría del infierno, el purgatorio y el paraíso. El mismo Dante aparece como protagonista de este magistral poema, en el que se describe su travesía a través de los nueve círculos del infierno, la montaña del purgatorio y la cumbre del paraíso, todo esto motivado por el amor de Beatriz, su amor imposible, una mujer tan legendaria por su belleza como por ser la autora de uno de los más épicos rechazos de los esfuerzos de un hombre por conquistar el corazón femenino –de allí los muchos memes en los que Dante es representado como el primer friendzoneado de la historia.

Dante y Beatriz a orillas del río Leteo (Cristóbal Rojas, 1890)

Podría uno extenderse mucho más hablando sobre La divina comedia, una obra que ha sido interpretada y reinterpretada con el paso de los siglos, fuente de inspiración para artistas de todo tipo, la joya de la corona de la literatura italiana. Sus alegorías, sus cien cantos y la devoción de Dante por el número tres (todo el poema está escrito en tercetos, tres son las regiones que atraviesa Dante, treinta y tres cantos tiene cada región, nueve círculos tiene el infierno, lo cuál es el número tres elevado a la tres, tres bocas tiene satanás enterrado en su tumba helada del Cocito…) merecen una reseña propia, la cual quedará para otra ocasión.

El infierno según Botticelli (ca. 14801495)

Son estos elementos dantescos de los que se vale Brown para enmarañar una nueva persecución, tan llena de engaños, acertijos y traiciones, que llegará el momento en que el lector comenzará a dudar hasta del propio Langdon. Los dos colosos que se enfrentan, con el pobre profesor de simbología atrapado en el medio, son la Organización Mundial de la Salud (OMS) y un neurótico millonario biólogo transhumanista de nombre impronunciable empeñado en que la sobrepoblación mundial será el causante de un nuevo inferno en la tierra que acabará con la humanidad. Ante la amenaza silenciosa de una nueva peste negra, que como es bien sabido, mermó en un tercio la población de Europa durante la Edad media, el intrépido Robert Langdon, acompañado de su apuesta e inteligente acompañante de turno, esquivarán balas, drones, espías y cuadros renacentistas, se infiltrarán en museos e iglesias, sentirán una paranoia constante ante cualquier mención de enfermedades contagiosas y develarán un secreto tan impactante, que como lector no te quedará más que formar una perfecta y redonda "o" con la boca y preguntarte ¿Debería ponerme del lado del villano? ¿Qué tan preocupante es en realidad el crecimiento exponencial de la humanidad? Y ¿Debería leer La divina comedia ahora que tengo suficientes referencias como para no quedarme dormido a la mitad del purgatorio?

Un buen libro es aquel que merece ser discutido, que genera opiniones encontradas, que nos provoca curiosidad y nos invita a consultar Wikipedia en busca de términos tales como: Florencia, Peste negra, Dante, Transhumanismo, OMS, Vasari, Venecia, Infierno, Estambul, Monstruos ctónicos. Siendo así, y dándome igual el papel que Dan Brown pueda generar en la crítica literaria de la posteridad, puedo afirmar que Inferno es un buen libro, y que merece la pena ser leído. La expresión de desconcierto que sus últimas páginas provocan bien lo vale.

José D. Alvarado (Octubre, 2016)

martes, 20 de octubre de 2015

¿Cómo realizar un comentario de texto?

La argumentación en el comentario

Recomendaciones con ejemplo práctico

Para realizar un comentario de texto apropiado es imprescindible saber que cualquier afirmación que se realice sobre la obra debe poder explicarse y demostrarse mediante referencias concretas al texto o mediante citas.

Veamos cómo se conforma una argumentación completa partiendo de un comentario sobre Don Álvaro o la fuerza del sino, obra perteneciente al período romántico y escrita por el duque de Rivas. Obsérvese como se plantea el comentario a través de tres bloques textuales: la afirmación, la explicación y la demostración.

"Don Álvaro o la fuerza del sino es el prototipo de drama romántico en muchos aspectos (afirmación); en él aparecen algunos elementos habituales de este tipo de obras, como la presencia de un protagonista atractivo y misterioso, el planteamiento de un amor imposible o la ruptura de las normas dramáticas clásicas (explicación).

Don Álvaro es un desconocido indiano, cuya presencia fascina e inquieta a los que le conocen ("¿Quién es?, se preguntan los habitantes de Sevilla, los cuales hacen referencia a su gallardía y generosidad en el acto I). Asimismo, se enamora de Leonor, una mujer noble cuyo padre (el marqués) se opone a su relación porque considera a Don Álvaro un plebeyo. Este amor no solo encuentra trabas desde el punto de vista social, sino que está funestamente impedido por un destino adverso. Este evita la huida de don Álvaro y Leonor, precipita al protagonista a duelos con el padre y los hermanos de su amada, separa a los enamorados hasta el momento de su muerte, etc.

La ruptura de la regla de las tres unidades se aprecia en la división de la obra en cinco actos, en los que se mezcla la prosa y el verso; en el uso de diversos espacios (Italia y España) y en el desarrollo de la acción en distintos días (demostración)".



Referencia bibliográfica

Grupo editorial de Santillana (2006) La enciclopedia del estudiante, tomo 15, Literatura española e hispanoamericana. Buenos Aires: Santillana.